
Y en medio de mis orgasmos musicales, producto de escuchar Bach y Emilie Autumn, más espefícicamente violines, comprendí lo sacrificado de mi camino de tierra para llegar a provocar algún orgasmo musical en alguien con un... violin.
Porque desde que tengo memoria mi primer amor fué la música. Y porque desde los tres años tengo el deseo fulminante en mi interior de no solo aprender a tocar violin, sino dominarlo. Tarea un tanto dolorosa como plancetera. Violin, un instrumento en el que tienes que crear la nota. Pero la recompenza al final del camino es más que suficiente como para seguir ilusionandome.
Aún, entre mis orgasmos musicales, me imagino en el pasar de los relojes, depués de años, como solista de violin en algún concierto.
Y es en esa parte de la fantasía en la que veo a uno de los seres más importante y significativo para mi, entre el público, viendome con los ojos llenos de orgullo; orgulloso de que su "chiquita" se realizó en una de sus fantasías tan aneladas. Y es en esa parte en la que me doy cuenta de su presencia, y me entrego al instrumento, como parte de mi escencia.
Se que será así algún día.




1 comentario:
Espero que algun dia tomes clases de violin y cumplas tu sueño... a mi tambien me gusta el violin pero no me gustaria tocar enfrente a un publico
Publicar un comentario