
Aquella niña llegó a su casa, luego de jugar entre los jardines de ésta, a través de las flores, con su hermoso vestido blanco que frecuentaba usar.
Hermosa, sin duda. Una muñeca de porcelana en vida. Piel blanca como la nieve, cabellos oscuros, facciones finas dignas de una sirena, ojos azules profundos como aquel mar que siempre soñó, más nunca logró ver.
Después de ya 13 años, estaba expuesta por su familia a un mundo lleno de mentiras, engaños, lujuria, hipocresía y los demases que estos contaban consigo, no apropiados para tal pequeña dama tan inocente.
Al llegar a su casa, es decir, una de sus casas, considerando el poder económico de sus padres, más no status por no tener título alguno. Ella siempre oyendo a su padre quejarse de que su hermana se haya escapado con... esa cosa; no entendía el porque siendo que lo amaba. Tampoco por que el constante deseo de ser Lord, siendo que ella consideraba que tenían de sobra en la naranja.
Al llegar a la casa se encontró con un hermoso caballero, vestido elegantemente sonreirle; ella sin notarlo se sonrojó inmediatamente posterior al gesto.
"Emilie, que haces sin corsé?". La niña, ya a punto de ver que sería mujer muy pronto, subió a su habitación acompañada de su madre.
Una vez allí, y ya puesto el corsé, la niña fijó su mirada en un vestido de novia, muy hermoso. Una especie de sensacion extraña le estremeció por completo, una mezcla de admiración y miedo por aquel vestido. Miró a su madre, con sus hermosos ojos bañados en lágrimas.
"Por favor, digame que no es cierto, madre..." La madre, sin decir una sola palabra, tomó el vestido y procedió a vestir a su hija con éste.
Al bajar, su padre le estaba esperando.
"Bien! Justo a tiempo querida. Emilie, éste es Lord Vladimir, un encanto. Tiene 20 años y te informo...
Antes de decir lo ultimo, Emilie ya se lo esperaba, y en unos milisegundos antes de que su padre terminara la frase, vio como sus sueños infantiles si iban a la basura, como todas sus ilusiones se iban desapareciendo y que su inocencia se rompía.
"...que el será tu esposo desde hoy. Desde ahora serás Lady Emilie, hija. Allí está el Padre, hoy mismo se casarán."
Nada tan agrio para ella como un "Acepto" obligado. Nada tan agrio para aquella doncella como su primer beso.
Si, salió de ahí con una falsa sonrisa bien planteada, muy convincente, y con unos ojos deprimentes, nostalgicamente tristes.
Aquella expresión la convervó el resto de su vida.




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