viernes, 13 de febrero de 2009

Pandora

La niñita se estaba valanceando en el columpio del parque cerca de su casa.
Era otoño, ella estaba vestida con su vestidito rojo, mayas de redes, zapatitos de charol y dos grandes trenzas. Su mirada inocente, esa inocencia que te atraviesa el alma y te perturba, de grandes ojos negros. Tez blanca y cabello negro que lograban un perfecto contraste.
Era el único instante en que podía hacer perdurar su inocencia. Aunque el columpio estuviera medio oxidado era el único juego pasable. Le encantaba cuando, en otoño, las ojas tapaban el piso del parque y el viendo creaba mini remolinos, como otros planetas dando vuelta mientras eran tragados por un agujero negro.

"Oye niña, quieres venir a jugar?" Escuchó ella.
Giro la cabeza y se le quedo mirando. Era un hombre de no más de cuarenta años, vestido de negro, y una apariencia que lo hacía ver como un desquiziado empleado laboral. Estaba en sus ojos color miel, demasiado grandes quizás, o muy abiertos como para ser normal.

El hombre se iba acercando lentamente, llamándola a que fuera a jugar con "Tío Diego". Ella solo lo quedo mirando con expresión vacía, hasta que el hombre se acerco demasiado.
"¿Sabes? Yo juego si es que quiero, se que te va a gustar..." Y alargo su mano hasta la cintura de la niña.

"Usted no quiere hacer eso..." Dijo con una sonrisa diminuta, mirándolo fijamente sin mover un músculo.
"Ah no? Créame, señorita, yo si quiero..." Y la mano de aquel hombre alcanzo las piernas de la pequeña.


Pandora poso su mano derecha -con uñas largas que parecieron crecer de la nada- en el cuello de aquel hombre. Iba apretando más y más, sin dejarlo hablar y menos respirar, lo tiro al suelo. Pareciera que sacó fuerzas del mismo suelo al que tiro al hombre. Se agacho de forma que su figura parecía la de un gato.
"No, en realidad si querías, porque eras ignorante a lo que iba a pasar. Lo entiendo, suele pasar. Ahora, disfruta del juego."

Enterró sus uñas en el pecho de Diego, deformando las costillas, rompiendo el organismo hasta llegar al corazón. Movió la mano cortando las arterias.
Saco su triunfo, mientras miraba sonriente al hombre desangrándose.

Se fue saltando a su casa, con el corazón en la mano.



Si, ella necesitaba el columpio para hacer perdurar su inocencia.

1 comentario:

Novello dijo...

que buen escrito

me encantó

hermoso y terrible, con un decidido toqué goth jeje

realmente despiadado

un beso, pequeña de uñas punzantes