Siento que he pecado: he dejado de lado mi pluma. Y es que me lo prohibo, como si fuera una fruta venenosa, aunque exquisita.
No quiero liberar mi mente, no quiero que el caos y los bacanales mentales despierten.
(Y solo con plasmar mis pensamientos le quite el sueño)
miércoles, 30 de septiembre de 2009
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